NI UNA MENOS – Una mirada más…

By | 8 junio, 2015

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NI UNA MENOS – Una mirada más…

Entre los múltiples  trabajos, doy clases de Pedagogía en un Profesorado. Lxs alumnxs de la Asamblea Estudiantil propusieron ir y las autoridades brindaron la libertad para que fuésemos. No estaba muy convencido de ir. A pesar de que desde hace mucho adhiero a las ideas de quienes defienden los derechos de la mujer, no me convencía la idea de una marcha sin un objetivo definido, ¿para qué? ¿A quién reclamaremos? Lo planteé en la clase y las razones de las alumnas me convencieron, es especial una que me dijo: “No voy nunca a ninguna marcha, pero no quiero que le pase nada a mi hija, por eso voy con ella y con su papá y ex esposo.”

La verdad es que la cantidad de gente, algunas de las alumnas con sus hijas o con los pequeños en brazos, o acompañadas de su mamá y repitiendo… es la primera vez… fue muy fuerte, muy impresionante. Ahí terminé de convencerme que había estado bien no dar la clase tradicional y haber estado allí.

Creo firmemente que las marchas, la gente en la calle, codo a codo, sin problemas, es la contracara de lo que muchas veces nos martillan en la cabeza de que está todo perdido, que nadie se ocupa de nada, que lo colectivo no importa. A quienes participaron, de una u otra manera, seguramente les ha hecho sentir y pensar de otra manera y eso está muy bueno. Es una forma excelente de hacer política, es ocuparse de los problemas de todos y todas, es imaginar otra sociedad diferente, más justa, más humana.

Porque para lograr que no haya femicidios hay que empezar antes, a cambiar nuestra concepción “machista y pratriarcal” de sociedad. Y para eso, todos y todas debemos “cambiar nuestra cabeza” que piensa que ciertas maneras son las esperables.

En eso me quedé pensando. En que las muertes y la marcha deben servir para que el Estado modifique muchas cosas: que haya centros especializados, que se den subsidios a las víctimas para que puedan abandonar el hogar, que se modifiquen las formas en las que se toman las denuncias o se juzgan a quienes cometen los delitos, que se implemente la Ley de Educación Sexual. Porque debería servir para que los medios de comunicación dejen de cosificar a la mujer, no repitan una y otra vez los aspectos más macabros de los femicidios, o juzguen a las víctimas por cómo se visten o por si dejaron la escuela. Pero, quizás lo más importante, debería servirnos a todos y todas, a cada uno y cada una, a modificar las ideas que tenemos muy enraizadas. Muchos de los carteles que vi, me hicieron pensar en lo personal cuántas cosas debo cambiar, cuántas ideas están en mi cabeza y mis sentimientos que debo empezar a pensar y sentir de otra manera.

De nuevo en casa, la tele decía: “¿Y ahora qué?” Ahora creo que debemos iniciar un lento proceso colectivo en cual cada uno, cada institución, cada medio y cada instancia estatal, empecemos a ver y sentir a la sociedad argentina de otra manera. No esperemos soluciones mágicas, porque no era el objetivo. Pongamos manos y pasiones a la obra para que este empujón anímico y colectivo se convierta en trabajo de muchos y muchas que empujen para que otra sociedad mejor sea posible.

Martín Caldo

 

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